domingo, 3 de abril de 2016

¿ESTAMOS SOLOS EN EL UNIVERSO?

A principios de abril de 2015, unas declaraciones de dos científicos de la NASA durante un encuentro informativo despertaron un gran interés en la prensa de todo el mundo debido a la rotundidad de sus afirmaciones y al singular ámbito que trataban: la posibilidad de vida extraterrestre. En concreto, la directora científica Ellen Stofan afirmó que estaba convencida de que la agencia aeroespacial dispondría de fuertes indicios de vida más allá de la Tierra dentro de una década y, además, obtendría pruebas definitivas en 20 o 30 años. Igualmente, John Grunsfeld, otro de los jefes científicos de la NASA, defendió que solo estábamos a una generación de encontrar vida en el sistema solar.

¿A qué se debe tanta convicción? Los especialistas justifican esta afirmación por los abundantes datos que han aportado las distintas misiones de la NASA que exploran el sistema solar (como Kepler,Hubble, Cassini, Dawn o Curiosity), sobre todo respecto a la presencia de agua, un elemento básico en la proliferación de vida tal y como la conocemos en la Tierra, ya que es el mejor solvente de los elementos químicos que la conforman, como veremos más adelante.

UN HORIZONTE POSIBLE
Todo ello ha entusiasmado a los especialistas de la NASA, que están convencidos de que ya se dispone de la tecnología necesaria para poder rastrear la vida extraterrestre. Con este objetivo, la NASA está dispuesta a lanzar nuevos proyectos y misiones para descubrir vida alienígena lo antes posible. Por ejemplo, está previsto que la agencia lance una sonda a Marte en 2020 en busca de señales de vida en el planeta. También se espera poder enviar astronautas a dicho planeta en la década de 2030, un proyecto que está considerado como uno de los más importantes para hallar vida extraterrestre.

Asimismo, para alrededor de 2020 se prevé que llegue otra misión al satélite de Júpiter Europa, con el objetivo de calibrar la posible habitabilidad de esta luna helada y explorar su superficie. Todas estas misiones pretenden mejorar nuestros conocimientos en astrobiología, disciplina alrededor de la cual gira toda especulación e investigación de la vida más allá de nuestro planeta.

¿QUÉ ES LA ASTROBIOLOGÍA?
También conocida como exobiología, la astrobiología es una disciplina científica a medio camino entre la astrofísica y la biología que se dedica al estudio de los posibles organismos vivos que pueden estar presentes en cuerpos celestes extraterrestres. A la vez, se ocupa de esclarecer su origen y los posibles efectos que provocarían en caso de contacto con organismos terrestres. Esta disciplina se basa en hipótesis y formulaciones teóricas, ya que de momento no se cuenta con la suficiente evidencia que demuestre la existencia definitiva de la vida fuera de la Tierra. Sin embargo, sus preceptos sí se basan en principios científicos y en experimentos sólidos como el estudio de los extremófilos, el análisis de meteoritos, los ensayos bioquímicos o la observación espacial.

LOS EXTREMÓFILOS, UNA ANALOGÍA DE VIDA EXTRATERRESTRE
El principal objeto de estudio de la astrobiología son las bacterias u otros organismos microscópicos, ya que se considera que son el tipo de vida más probable en el universo. Al no disponer de muestras de vida extraterrestre, los especialistas estudian unos microorganismos de la Tierra muy particulares, conocidos como extremófilos, que se caracterizan por vivir en hábitats extremos, muy distintos a los del resto de formas de vida. Estos ambientes pueden ser lugares muy calientes, sitios muy fríos, zonas sin luz, agua y oxígeno, espacios de presión insoportable o medios ácidos y repletos de azufre o hierro.

Estos medios se encuentran en fosas marinas, glaciares, aguas termales, desiertos, el interior de la Tierra, los casquetes polares, etc. Estos organismos son muy atractivos para los astrobiólogos porque creen que podrían ser capaces de sobrevivir en el espacio exterior y además les aportan datos sobre cómo buscar este tipo de vida en hábitats similares fuera de nuestro planeta.

LOS METEORITOS, CULTIVOS DE OTROS MUNDOS
Otro de los ámbitos de estudio más habituales es la exploración geológica. Hoy se sabe que la vitalidad geológica de un planeta juega un papel fundamental en el desarrollo y la evolución de la vida. Asimismo, se conoce que tal diversidad es el resultado de la evolución, a lo largo de millones de años, de la materia de la nebulosa primitiva que aún llega a la Tierra en forma de meteoritos y polvo cósmico de distinto origen. Por tanto, es una obligación para los astrobiólogos emprender investigaciones mineralógicas y geoquímicas de los meteoritos en busca de señales de vida, como sustancias bioquímicas. Por ejemplo, en 1969 la caída del meteorito Murchison, en Melbourne, permitió descubrir en su interior más de 90 aminoácidos, un tipo de compuesto orgánico esencial para la vida.

Igualmente, en 1996 se produjo un gran revuelo mediático cuando la NASA anunció que había descubierto en un meteorito, el ALH 84001, trazas de una posible bacteria primitiva que podría haber existido en Marte miles de millones de años atrás. El meteorito también tenía moléculas formadas en agua líquida y otras de origen orgánico. No obstante, dos años después la revista Science refutó esta posibilidad al sostener que había pruebas claras de contaminación en el meteorito del hielo antártico que se hallaba en la zona donde fue encontrado.

EL EXPERIMENTO DE MILLER Y UREY
El tercer gran objetivo de estudio en la astrobiología es indagar en el origen de la vida en la Tierra mediante experimentos de química orgánica que contribuyan a buscar casos análogos en el espacio. El ensayo más notorio fue el experimento de Stanley Miller y Harold Clayton Urey en la Universidad de Chicago en 1952, que demostró por primera vez que se pueden formar espontáneamente moléculas orgánicas a partir de sustancias inorgánicas simples en condiciones ambientales adecuadas. Este experimento se realizó en un matraz con agua y sustancias químicas disueltas (metano, amoníaco, hidrógeno, dióxido de carbono o nitrógeno) al que se retiró el oxígeno. A esta mezcla se le suministró una chispa eléctrica a partir de vapor. Tras la reacción se encontraron aminoácidos en el sedimento.

EN BUSCA DE AGUA
Este hito supuso el principal aval científico de la teoría del caldo primordial, que sostiene que el origen de la vida en la Tierra se debió a la unión de ciertos elementos químicos que podían combinarse en complejos orgánicos, gracias a una fuente de energía y al agua como disolvente, todos ellos elementos habituales en el universo. Este hallazgo fue clave en astrobiología, ya que indicó el camino que había que emprender en la búsqueda de vida fuera de la Tierra: moléculas orgánicas sometidas a una fuente de energía y, sobre todo, disueltas en agua. El objetivo estaba claro, había que buscar agua líquida. Así, la indagación de agua en estado líquido ha estado detrás de las últimas exploraciones espaciales, desde la superficie de Marte hasta las lunas de Saturno y Júpiter, pasando por los planetas extrasolares.

LAS LUNAS DE JÚPITER Y SATURNO
Los descubrimientos de los últimos años han revelado que hay varias lunas en Júpiter y Saturno que pueden poseer agua líquida debajo de sus superficies; estas son Europa, Ganímedes, Calisto, Encélado y Titán. Esto se ha detectado gracias al estudio de sus campos magnéticos (como en el caso de Ganímedes), las particularidades de su superficie (en Titán llegó a posarse una sonda, la Huygens) o la observación directa de fenómenos como las grietas y fumarolas de Europa o los chorros de agua eyectados en Encélado observados por sondas como Galileo y Cassini.

Estos dos últimos casos son los más prometedores ya que, al margen de poder albergar un océano de agua líquida bajo su superficie, estas masas de agua estarían en contacto con rocas ricas en minerales, y por tanto podrían disponer los tres ingredientes necesarios para la vida: agua líquida, elementos químicos esenciales para los procesos biológicos y fuentes de energía. Los especialistas creen que en estos satélites puede haber agua líquida a pesar de las bajas temperaturas de la superficie debido a las fuerzas de marea provocadas por la gravedad de sus planetas, que elevan el calor geotérmico interno de estos cuerpos.

UN SISTEMA EMPAPADO EN AGUA
También se ha confirmado la presencia de agua en forma de hielo en planetas rocosos del sistema solar, como Marte o Mercurio. Además, también se sabe que el agua se encuentra en cuerpos primitivos como los cometas y los asteroides, y en planetas enanos como Ceres. También se cree que las atmósferas y los interiores de los cuatro planetas gigantes (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) contienen enormes cantidades de esta sustancia, y en sus lunas y anillos, hay abundante hielo. Y por último, se sabe que hay agua en las nubes moleculares gigantes entre las estrellas y los discos de material de sistemas planetarios recién nacidos en la Vía Láctea.

LOS PLANETAS EXTRASOLARES
Otro de los hitos de la exploración espacial ha sido el descubrimiento de los planetas extrasolares o exoplanetas, es decir, los que giran alrededor de otras estrellas que no sean el Sol. La primera detección de un planeta extrasolar orbitando una estrella de la secuencia principal fue 51 Pegasi b, y tuvo lugar en 1995 por los astrónomos Michel Mayor y Didier Queloz. Desde entonces el número de hallazgos ha crecido gracias al perfeccionamiento de las técnicas de observación (como los telescopios Kepler yHubble) y hoy ya ha alcanzado la cifra de casi dos mil exoplanetas.

La astrobiología estudia con atención todos estos hallazgos, sobre todo aquellos exoplanetas que se encuentran en la zona habitable de su sistema planetario, es decir, donde las temperaturas no son demasiado elevadas ni bajas como para no permitir la presencia de agua líquida. Aunque la mayoría de los planetas extrasolares son gigantes gaseosos en zonas muy extremas de sus sistemas, cada vez se encuentran más casos de planetas rocosos en zonas más adecuadas para la vida.

OTRAS TIERRAS
El exoplaneta más similar a la Tierra orbitando dentro de la zona habitable de un sistema planetario fue descubierto en enero de 2015. Se trata de Kepler-438b, con un índice de similitud con la Tierra del 88 %. Ubicado a 471 años luz de la Tierra, este exoplaneta es el segundo descubierto alrededor de la estrella Kepler 438 y tiene una masa 1,27 veces mayor que la terrestre. Su densidad es algo menor que la de la Tierra y su temperatura media superficial es de 37,45 °C, más elevada que la terrestre porque recibe un 40 % más de luz.

Pese a la imposibilidad de explorarlos directamente debido a la distancia, los datos aportados por los grandes telescopios sobre Kepler-438b y otros planetas extrasolares de naturaleza similar a la terrestre pueden contribuir a fortalecer las hipótesis de la exobiología respecto a la existencia de mundos que poseen las condiciones necesarias para que se den los procesos químicos precursores de la vida. De hecho, los datos de Kepler han confirmado que los tamaños de planetas más comunes fuera del sistema solar son mundos solo un poco más grandes que la Tierra y que podrían tener en su interior océanos profundos.

¿HAY VIDA INTELIGENTE?
Todos estos datos permiten sostener que muchos lugares del universo cuentan con las condiciones necesarias para la vida. No obstante, estas circunstancias facilitarían una vida unicelular, ya que es la más simple y la que se desarrolla más rápido (en la Tierra las primeras cianobacterias surgieron apenas 3.500 millones de años después de la formación del planeta). En cambio, las formas de vida multicelulares y la vida inteligente necesitan mucho tiempo para evolucionar y unas condiciones de estabilidad que quizás no sean tan abundantes en el espacio. 

Si tenemos en cuenta el caso de la Tierra, la evolución hacia la vida inteligente precisó de múltiples procesos antes de alcanzar la vida compleja: un satélite de grandes dimensiones, un amplio núcleo de hierro, una intensa magnetosfera, una particular ordenación de los planetas que favorece la estabilidad de nuestra órbita, una densa atmósfera, escasos sucesos catastróficos, un clima y una temperatura muy estables, etc. Todas son condiciones que quizás no sean tan frecuentes en el universo.

Existen hipótesis muy variadas al respecto: en 1961 el astrónomo Frank Drake ideó una ecuación para estimar del número de civilizaciones de la Vía Láctea que podrían comunicarse entre sí. Esta ecuación incorpora una serie de parámetros, como el número de estrellas de la galaxia, el número de planetas capaces de dar origen a la vida, la fracción de planetas en los que se desarrolla tecnología, etc. Con ella, Drake dio una estimación de 104 civilizaciones con posibilidades de comunicarse con nuestra galaxia. No obstante, este resultado fue refutado por la paradoja del físico Enrico Fermi, según la cual, si existiese vida inteligente en otros planetas de nuestra galaxia, ya habríamos tenido noticias de ella puesto que cualquier civilización con una tecnología lo suficientemente avanzada ya habría tenido tiempo de sobra para llegar hasta nosotros.

BREVE HISTORIA DE LA BÚSQUEDA DE VIDA INTELIGENTE
Pese a todo, los intentos de la ciencia por contactar con posibles civilizaciones extraterrestres han sido continuos a lo largo de la historia de las exploraciones espaciales. Lo primero que se llevó a cabo fue dar a conocer nuestra presencia a posibles civilizaciones. La primera acción fue el mensaje de Arecibo, una señal de radio enviada al espacio en 1974 en dirección al cúmulo de estrellas M13. Además, a principios de la década de 1970 se lanzaron las sondas Pioneer 10 y Pioneer 11 que portaban sendos mensajes destinados a una posible civilización extraterrestre que pudiese interceptarlas. Lo mismo ocurre en el caso del disco de oro de las sondas Voyager 1 y Voyager 2, lanzadas en 1977.


A la vez que se han lanzado mensajes al espacio, también se ha especulado sobre la posibilidad de que alguna sociedad tecnológica extraterrestre estuviese trasmitiendo información mediante radiaciones electromagnéticas. Para poder detectarlas, a partir de la década de 1970 se crearon diversos proyectos SETI (acrónimo del inglés Search for Extraterrestrial Intelligence o "búsqueda de inteligencia extraterrestre"), que tratan de encontrar vida extraterrestre inteligente mediante el análisis de señales electromagnéticas capturadas en distintos radiotelescopios. Uno de los proyectos que integran la red es SETI@Home, apoyado por millones de personas de todo el mundo mediante el uso de sus ordenadores personales, que procesan los datos capturados por el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico. A fecha de hoy, todavía no se ha confirmado ninguna señal de claro origen extraterrestre.

lunes, 15 de febrero de 2016

El dinero no es deuda, la deuda es la usura. 


La deuda de la prostituta.
Es agosto, en una pequeña ciudad de la costa, en plena temporada; cae una lluvia torrencial y hace varios días que la ciudad parece desierta. Hace tiempo que la crisis viene azotando este lugar, todos tienen deudas y viven a base de créditos.

Por fortuna, llega un millonario, forrado de dinero y entra en el único pequeño hotel del lugar. Pide una habitación. Pone un billete de 100 euros en la mesa de la recepcionista y se va a ver las habitaciones. El jefe del hotel agarra el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero. Éste toma el billete y corre a pagar su deuda con el criador de cerdos. Al momento éste sale corriendo para pagar lo que le debe al molino proveedor de alimentos para animales. El dueño del molino toma el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con María, la prostituta a la que hace tiempo que no le paga. En tiempos de crisis, hasta ella ofrece servicios a crédito. La prostituta con el billete en mano sale para el pequeño hotel donde había traído a sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado y le entrega el billete al dueño del hotel. En este momento baja el millonario, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, toma el billete y se va. Nadie ha ganado un centavo, pero ahora toda la ciudad vive sin deudas y mira el futuro con confianza!!!



El problema no es el dinero, el problema nos lo han creado los bancos con su sistema basado en la usura. 

viernes, 25 de diciembre de 2015

Esta noche no podré cenar a tu lado

Las personas sentimos y padecemos por quienes nos rodean, por quienes ya no están, y por todo aquello que nos recuerda a ellas.

Tendemos a echar de menos aquello que ya no volverá. Es durante nuestra infancia, ese intervalo de tiempo físico donde en nuestra ignorancia, creemos que el mundo es el lugar más hermoso para vivir. Luego llega la realidad que nos rodea, es ahí donde las ecuaciones no balanceadas, nos presentan ante nuestros ojos una realidad distinta. Nuestra vida está compuesta por una serie de momentos felices, que van desde que sucede uno, hasta que se presenta el siguiente. Todo lo demás es la vida en si es rutina, soledad, dolor, apatía, trabajo y dormir.

Ahora bien, sí hacemos el ejercicio interior de asumir nuestra naturaleza humana, entender que estamos recubiertos de carne cruda que se oxida en el proceso de vivir, que se deteriora por el simple echo de respirar el oxigeno que nos rodea, este mismo que es fuente de nuestra existencia y a su vez causante de nuestro deterioro físico. Cuando tomamos conciencia, que este tiempo donde experimentamos la materia, es un simple sueño donde se proyectan vivencias humanas, donde el dolor es la constante que mide nuestra existencia, la cual al final de el camino, cuando se pagan las cuentas, en ese momento donde se hace balance, es ahí donde deberíamos sentir la calma de haber sido justos con nuestra existencia, con nuestras relaciones para con los demás.

Toda nuestra vida es un regalo, somos la única especie sobre la tierra, que ha llegado a semejantes cotas de entendimiento sobre nuestra vida, incluso llegamos a plantearnos la posibilidad de transcender más allá de la muerte (esto puede ser miedo a que esto tenga una desconexión total, la cual nos lleve a una muerte como ser energético).

Ha llegado el momento de vivir esta experiencia carnal sin miedos, sin recelos a que el final de el camino llegue, y tengamos que bajarnos de el tren en la estación de la muerte física.

Y las personas, estas que a diario nos acompañan en el fluir de la vida, las mismas que nos hacen sentir dolor, y a su vez nos llenan de felicidad con su sola presencia. Estas que por algún motivo han decidido recorrer el camino de sus vidas paralelas a las nuestras. ¿Por qué verlas cómo una amenaza a nuestra existencia? Ellas también han decidido ya que quieren estar ahí. Sentir este efímero intervalo de tiempo que nos lleva desde el nacimiento, hasta nuestra marcha junto a nosotros.

Aquellos que ya partieron, los cuales nos dejaron el corazón roto de dolor y sumidos en la desesperanza, ya parten con la ventaja de la eternidad, han transcendido, han abandonado este estado primitivo donde un simple insulto, altera nuestro sistema nervioso, y nos transforma el cerebro. A estos que ya no están, quiero agradecer todo ese tiempo que me permitieron compartir con ellos su espacio y su tiempo en este plano. De ellos aprendí, de ellos soy quien hoy soy, y de ellos tengo en mi vida quienes ellos trajeron a este mundo.

He intentado expresar mi sentimiento, aun sabiendo que no lo iba a conseguir, ante quienes ya no están, en estas fechas donde la ausencia nos trasladan a otra época, donde su sola presencia era más que suficiente. Para aquellos que aun respiramos, lloramos, reímos, abrazamos, saltamos, bailamos y soñamos, nuestra obligación para con ellos es no olvidarles nunca, será nuestra manera de agradecerles quienes fueron y lo tanto que nos hicieron sentir mientras recorrimos juntos el camino de la vida.


Esta noche, y ninguna noche de mi vida te olvidare.

sábado, 5 de diciembre de 2015


¿Qué es el tiempo-espacio? Nueva teoría parece responder la gran pregunta de la física y la filosofía

EL ENTRELAZAMIENTO CUÁNTICO, CON SUS EXTRAÑAS CONEXIONES INSTANTÁNEAS A DISTANCIA, PARECE SER EL TEJIDO MISMO DEL TIEMPO-ESPACIO. LAS IMPLICACIONES SON ASOMBROSAS Y ABRUMADORAS.




Las partículas subatómicas exhiben una propiedad que ha llegado a definir en gran medida la noción popular de que el mundo cuántico es sumamente extraño y misterioso. Se trata del entrelazamiento cuántico o la conexión instantánea entre dos partículas (o sistemas cuánticos) que permite que la medición de una partícula determine el estado de otra no obstante la distancia a la que estén. Así, una partícula en la Tierra puede afectar en este mismo momento a otra partícula que se encuentra en las Pléyades, como si fueran una misma unidad. Esto es algo tan extraño para la física clásica –ya que en apariencia contradice las leyes de la naturaleza, específicamente el límite de la velocidad de la luz– que Einstein lo calificó como una fantasmagórica o espantosa propiedad (“spooky action at a distance“) que debería de ser ficticia. Recientemente, sin embargo, físicos han descubierto que el entrelazamiento cuántico no sólo es real sino que podría ser responsable de la geometría del tiempo-espacio. Paradójicamente fue Einstein quien tuvo la visión de concebir el tiempo-espacio como uncontinuum esencialmente geométrico.

Una de las grandes innovaciones de Einstein fue su conclusión de que la gravedad es una propiedad de la geometría del tiempo-espacio. En la teoría de Einstein, la interacción entre la materia y la energía y el tiempo-espacio forma una distorsión de la geometría fundamental del tiempo-espacio, esto es la famosa curvatura que tanta especulación ha generado sobre posibles viajes de un extremo a otro del universo. Es a esta distorsión a lo que nos referimos cuando hablamos de la gravedad, una propiedad emergente y relativa. Es decir, la gravedad es geometría, siendo ésta última el constituyente fundamental de la cosmología de Einstein.

El gran reto de la física contemporánea es la conciliación de la gravedad con la mecánica cuántica. Uno de los físicos jóvenes que más se han acercado a finalmente encontrar el hilo dorado de la conexión entre estos dos modelos es Mark Van Raamsdonk, quien ha elaborado una teoría bastante plausible que sugiere que el entrelazamiento cuántico es la base de la geometría del universo y por lo tanto de la gravedad. “El espacio-tiempo es sólo una imagen geométrica de cómo un sistema cuántico se entrelaza”, dice Van Raamsdonk.

EL PRINCIPIO HOLOGRÁFICO
Van Raamsdonk ha elaborado sobre el principio holográfico del físico argentino Juan Maldacena, el cual sostiene que el universo 3D en el que creemos vivir es el desdoblamiento de un universo en 2D que contiene codificada la información que se despliega como la realidad que experimentamos, de la misma forma que una película holográfica en 2D despliega una imagen en 3D. La teoría, que se conoce también como dualidad de Maldacena, propone que existen dos modelos diferentes del universo. Uno conocido como frontera (“boundary”) el cual se concibe como una superficie en 2D, se define matemáticamente, está libre de gravedad y a una distancia infinita de cualquier punto del otro universo. Este otro universo es conocido como bulto (“bulk”), tiene tres dimensiones y está delimitado por el primero de la misma forma que el aire tridimensional esta encerrado por la superficie bidimensional de un globo. Según explica el editor de la revista Nature, las partículas de este universo voluminoso obedecen a las ecuaciones de los sistemas cuánticos del universo frontera.




Maldacena hizo que se popularizara la idea de que el universo podría ser un holograma luego de que descubrió que estos dos universos son completamente correspondientes; de la misma manera que el circuito de un chip codifica en 2D las imágenes en 3D de un juego de computadora, la información del universo frontera contiene la información exacta y los principios físicos que rigen el universo bulto en 3D. De tal manera que se ha especulado que nuestro universo podría ser una especie de proyección holográfica que se genera en la superficie de un agujero negro.

EL PEGAMENTO GEOMÉTRICO DEL COSMOS
En lo que se considera un avance posiblemente revolucionario, Van Raamsdonk pudo remover el entrelazamiento que unía a estos dos universos modelo usando una herramienta matemática. El físico observó que cuando se quita este pegamento cósmico en este modelo el tiempo-espacio se empieza a alargar hasta que se fragmenta en pedazos inconexos, “como cuando se estira un chicle demasiado”, todo queda atomizado. Ahora bien, esto es un problema porque la definición misma de tiempo-espacio es la de una unidad continua. Podríamos definir el tiempo-espacio como “la unión de todos los eventos de la misma forma que una línea es la unión de todos los puntos”. En otras palabras, sin el entrelazamiento cuántico el universo simplemente no es un universo. “El entrelazamiento es el ingrediente esencial que teje íntimamente el tiempo-espacio en un todo –y no sólo en el caso de los agujeros negros, sino siempre”, señala Ron Cowen en Nature. “El entrelazamiento es el tejido del universo”, dice Brian Swinglede la Universidad de Stanford, “es el hilo que une todos los sistemas en uno”. El físico John Preskill explica que el entrelazamiento es lo que permite que “podamos aprender algo de una parte observando otra”, hablando en términos físicos de una especie de sistema de correspondencias o analogías en el corazón de la materia. Juan Maldacena piensa que el entrelazamiento cuántico es responsable de la “bella continuidad del espacio-tiempo. En otras palabras, la estructura sólida y confiable del tiempo-espacio se debe a las propiedades fantasmagóricas del entrelazamiento”.

El trabajo de Van Raamsdonk, sumado al de Maldacena y otros físicos, parece haber encontrado el ”pegamento geométrico” del cosmos, del cual es posible derivar un modelo del entrelazamiento cuántico en el que no se ponga en entredicho la ley que impide que algo viaje más rápido que la velocidad de la luz. Las partículas conectadas por el entrelazamiento, se sugiere, forman un agujero de gusano, una especie de túnel que las conecta a la distancia. El entrelazamiento y el agujero de gusano (wormhole), explica Maldacena, son sinónimos. Pero este agujero de gusano no es precisamente un túnel como lo imaginamos normalmente sino que se trata de una especie de atajo o pasadizo que conecta inmediatamente dos puntos en el universo. Según Maldacena el entrelazamiento cuántico genera una “conexión geométrica” que conecta las partículas pese a que “no existe interacción directa entre los dos sistemas”. Los agujeros de gusano son entonces definidos geométricamente y no topológicamente. En otras palabras, los agujeros de gusano serían en sí mismos información cuántica entrelazada, y no una estructura espacial como tal. El entrelazamiento cuántico parece obligar a que el universo sea no local, los objetos no separables y las diferentes regiones del espacio no independientes. El entrelazamiento cuántico, si tal cosa es concebible, va más allá del tiempo-espacio; es, según Van Raamsdonk, lo que lo crea.

Para entender esto nos puede ayudar la forma en la que Maldacena explica la interacción entre partículas adentro y afuera de un agujero negro. La física mantiene que la información no se destruye, lo cual es un problema en el caso de los agujeros negros, de los cuales, según el modelo viejo, nada puede escapar. Para que la información no se pierda, Maldacena dice que las partículas dentro del agujero negro deben de estar conectadas con las partículas que lo dejaron tiempo atrás (emitidas por la llamada nube de Hawking): las partículas adentro y las partículas afueran son consideradas como la misma partícula. Un complejo agujero de gusano en forma de pulpo vincularía las partículas. Esta es la paradoja central: existe un vínculo y sin embargo las partículas para toda consideración práctica son una y la misma. Esta es la zona prototípica de la llamada quantum weirdness, en la que nos encontramos con una especie de koan cósmico que desafía la lógica ordinaria.




COMPUTACIÓN CUÁNTICA HOLOGRÁFICA
Bajo esta lógica no aristotélica, consideremos el caso de las computadoras cuánticas que teóricamente podrían procesar una cantidad infinitamente superior de información de la que actualmente procesan nuestras computadoras más avanzadas. Las computadoras cuánticas funcionarían a través del entrelazamiento, computando en estado de superposición, simultáneamente ceros y unos, no en bits sino en q-bits. Los q-bits, como pixeles holográficos, estarían almacenados de manera no local, no en un punto específico sino distribuidos en una región amplia del espacio. Van Raamsdonk equipara nuestro universo con una computadora cuántica: “Un chip metafórico almacenando toda la programación del universo debe almacenar la información como una computadora cuántica”. En su modelo los q-bits deben de estar conectados a través del entrelazamiento cuántico de una manera todo-abarcante. “Para tener el tiempo-espacio clásico debes entrelazar todas las partes de tu chip de memoria”, señala Van Raamsdonk. Emerge entonces que el espacio es el trenzado de todos los microestados cuánticos –y este trenzar, esta madeja holográfica es la geometría misma del cosmos de la cual emergen propiedades como la gravedad.

Sin esconder su entusiasmo, Mark Van Raamsdonk externa su epifanía: “Creí entender entonces qué es el tiempo-espacio”. La gran aportación de Einstein fue demostrar que el espacio y el tiempo eran una unidad fluida, uncontinuum, que tenían una inextricable relación. La física actual parece llegar a un nivel aún más profundo en esa relatividad tiempo-espacial, mostrando que el entrelazamiento es un concepto aún más profundo y esencial que el tiempo y el espacio mismo. Van Raamsdonk sugiere que el universo es esencialmente entrelazamiento cuántico, pero, ¿cómo podemos entender este entrelazamiento cuántico en un sentido filosófico, ya que indudablemente estamos cruzando al terreno de la filosofía?

LA FILOSOFÍA DEL TIEMPO-ESPACIO
Evidentemente creer tener una respuesta concluyente a esto sería demasiado pretencioso. Sin embargo, podemos hacer nuevas preguntas y considerar la cuestión desde distintos ángulos. Para esto, primero revisemos brevemente lo que conocemos sobre el entrelazamiento cuántico. Sabemos que dos partículas están entrelazadas cuando, al realizar la medición de una partícula, la otra partícula instantáneamente será localizada donde los principios de la conservación de energía, momentum, movimiento angular yspin determinan que esté. Antes de esto no podemos determinar su localización (es no local), y es sólo después de la medición que podemos decir que las partículas están separadas. Es por esto que cuando se habla de no localidad se asume también una inseparabilidad.

Según los físicos Nicolas Gisin y Antoine Suarez, esto significa que “algo está viniendo de fuera del tiempo y el espacio”. Marvin Chester escribe en su libro Primer of Quantum Mechanics: “Antes de la medición no hay par de partículas; sólo existe un átomo gigantesco. Este átomo permea todo el espacio. El experimento desmaterializa el átomo, y en su lugar dos partículas aparecen. Cada uno se materializa, como deben de hacerlo en el universo, para preservar las leyes de la naturaleza”.

Esto parece decirnos que el universo en su estado de inconmensurabilidad es un solo átomo, indivisible como la mónada pitagórica. (¿Cómo explicar el entrelazamiento cuántico si no es través de la unidad, más allá de la apariencia de separación?). Es en el acto de medición en el que se separa y se revela como una multiplicidad sujeta al tiempo y al espacio. Existe un factor en la ecuación que quizás Maldacena y Van Raamsdoonk no han considerado: la conciencia. La conciencia sigue siendo uno de los misterios de la ciencia moderna, pero algunos físicos teorizan que podría ser una propiedad tan fundamental como el tiempo-espacio y no una condición emergente. Según Roger Penrose y Stuart Hameroff, la conciencia es algo más que sólo computación, es un “proceso cuántico intrínseco al universo” que está conectado a la estructura del universo en su escala más básica: la geometría del tiempo-espacio. Así llegamos a una extraña red de identidad analógica: tiempo-espacio, geometría, entrelazamiento cuántico y conciencia, ¿acaso distintos términos para describir una misma (y única) cosa? El mismo Hameroff reconoce que esto tiene implicaciones espirituales.

El cabalista Aryeh Kaplan, en su traducción del Sefer Yetzirah, habla de que la visión cabalista concibe el universo como una tríada: tiempo-espacio-espíritu, un continuum (donde podríamos intercambiar conciencia y espíritu). Los textos cabalistas indican que todas las cosas son una sola: la emanación del Ein Sof, la unidad absoluta e incomensurable, lo infinito, el no lugar donde las leyes de la física se anulan y sugieren que solamente percibimos las cosas separadas, distantes entre sí y fragmentarias por un hábito erróneo de percepción –es nuestra cognición, nuestra medición la que separa las cosas y las representa como sujetos y objetos, como diferentes partículas. En el estado no verbal, de la no medición, la realidad, el cosmos entero es una sola cosa –es sólo cuando lo describimos que se multiplica. El físico David Bohm habla de una totalidad implicada de la cual emergen las partículas y los fenómenos que observamos dualísticamente; la totalidad implicada de Bohm, a la cual se refiere como un mar de conciencia y de infinita potencialidad, parece ser algo similar al Ein Sof y al mismosunyata del budismo, la nada radiante.

Alain Daniélou, el musicólogo francés y erudito del jainismo, explica que en la cosmovisión de los Puranas (los textos sagrados del jainismo) existe una trinidad fundamental: la conciencia, el espacio y el tiempo. Tres aspectos de una única realidad. No difiere del brahmanismo, que considera que la creación es un único pensamiento que ocurre dentro de la conciencia de un ser universal.

Esta trinidad de interdependencia conciencia-tiempo-espacio también fue advertida por Jung. En su libro sobre la sincronicidad, el psicólogo suizo escribe:

Los experimentos Rhine han demostrado que en relación a la psique el tiempo y el espacio son, por así decirlo, “elásticos” y pueden aparentemente reducirse al punto de la desaparición, como si fueran dependientes de condiciones psíquicas y no existieran por sí mismos sino que fueran “postulados” por la mente consciente. En la visión original del mundo, como la encontramos entre hombres primitivos, el tiempo y el espacio tienen una existencia precaria. Se convierten en conceptos “fijos” sólo en el curso del desarrollo mental, gracias sobre todo a la introducción de la medición. En sí mismos, el espacio y el tiempo consisten en nada. Son conceptos hipostasiados engendrados de la actividad discriminatoria de la mente consciente, y forman coordenadas indispensables para describir el comportamiento de los cuerpos en movimiento. Son, entonces, esencialmente psíquicos de origen.

El último aspecto con el que quiero “entrelazar” a la física con la filosofía (siguiendo la vieja idea de que la metafísica de hoy (o ayer) es la física de mañana) es esta idea de la interdependencia. Si el entrelazamiento cuántico permea en su aspecto más básico el espacio, de tal forma que éste puede concebirse como un tejido cuántico de partículas entrelazadas (una vez que una partícula entra en contacto con otra forman un sistema y permanecen entrelazadas teóricamente para siempre) y de regiones espaciales que no pueden considerarse independientemente (y siguiendo la sincronicidad de Jung, también de momentos de tiempo entrelazados), entonces podemos decir que todas las cosas están intrínsecamente conectadas y que dependen unas de otras. Esto es casi exactamente lo que viene diciendo desde hace cerca de 2 mil años el budismo mahayana. De la misma forma en que para la física moderna el entrelazamiento cuántico es equivalente al tiempo-espacio, para el gran filósofo budista Nagarjuna, la interdependencia de todos los fenómenos y todas las cosas es equivalente al vacío. Las cosas están vacías, porque carecen de una existencia inherente e independiente, no tienen una naturaleza propia, individual o separada, están embebidas en el tejido mismo del universo, de la misma forma que una ola no tiene una existencia independiente del océano (¿y una partícula de la espuma cuántica?). Jay Garfield, traductor del Mulamadhyamakakarika, el texto esencial de Nagarjuna, pone el ejemplo de una mesa (y por qué está vacía):

Su existencia como objeto, eso es, como mesa, no sólo depende sí misma o de cualquier característica no relacional, sino también en nosotros. Eso es, si este tipo de mueble no hubiera evolucionado en nuestra cultura, lo que nos parece ser un objeto obviamente unitario en cambio sería descrito correctamente como cinco objetos: cuatros palos bastante útiles absurdamente montados sobre una tabla de madera esperando a ser labrada. Esto es para decir también que la mesa depende para existir de sus partes, de sus causas, de su material, y así sucesivamente. Aparte de éstos, no hay mesa. La mesa, podemos decir, es una tira de tiempo-espacio puramente arbitraria elegida por nosotros como el referente de un nombre único, y no una entidad demandando, por su propia cuenta, reconocimiento y análisis filosófico para revelar su esencia.

Como la mesa, dice Nagarjuna, todos los fenómenos están vacíos y no tienen existencia real independiente. Incluyendo el vacío mismo. Y quizás no se equivocaba el gran maestro budista, puesto que al parecer el tiempo-espacio es en el nivel más básico que podemos conocer una serie de partes vinculadas a otras partes y así hasta el infinito. Todas las cosas, nosotros mismos, estamos hechos de este entrelazamiento, de esta concatenación, de esta pratītyasamutpāda (originación dependiente), de esta cadena de reflejos insustanciales que emergen y regresan siempre al vacío y que por lo tanto no se puede decir que tienen una esencia diferente a ese vacío. Las implicaciones son realmente abrumadoras.

viernes, 23 de octubre de 2015

¿Es posible que el déjà vu sea el recuerdo de una vivencia en un universo paralelo?

EL DESTACADO FÍSICO ESTADOUNIDENSE MICHIO KAKU SEÑALA QUE EL DÉJÀ VU EN REALIDAD PODRÍA SER EL RECUERDO DE ALGUNA VIVENCIA EN UNA DIMENSIÓN PARALELA, A LA QUE ACCEDEMOS CUANDO NUESTROS ÁTOMOS VIBRAN A UNA FRECUENCIA PARTICULAR


-¿El Aleph? -repetí.
-Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví.
Fragmento de “El Aleph”, de Jorge Luis Borges

Por un lado la psicología define el déjà vu como una suerte de falseamiento de la memoria que sucede cuando el cerebro no ha terminado de edificar su percepción total consciente sobre una experiencia. Cuando ello ocurre, esta percepción “falsa” se traduce en una sensación también ficticia de familiaridad. Sin embargo, para la física cuántica puede significar un recuerdo de un momento en el que nuestras vibraciones encuentran otra frecuencia y nos permiten viajar en otra dimensión. Eso: el déjà vu, según el físico teórico estadounidense Michio Kaku, destacado especialista de la teoría de campo de cuerdas (una de las ramas de la teoría de cuerdas), podría ser en realidad el recuerdo de alguna vivencia en una dimensión que no es esta.  


En este video (transcrito por completo para esta nota) Kaku nos expone claramente, con el ejemplo de la radio propuesto por Steve Weinberg, el físico estadounidense ganador del Nobel (junto a Abdus Salam y Sheldon Lee Glashow) en 1979, cómo todas las frecuencias se encuentran vibrando al mismo tiempo en todos lados; sin embargo, habría que encontrar esa vibración única (tal vez la buscada por los monjes zen) que nos haga ser junto con todas las demás cosas, ser todas las cosas, poder dejar de ser uno y comenzar a ser todo.

Kaku dice:
El déjà vu es un fenómeno que todos hemos experimentado, esa sensación extraña cuando entras en una sala o al pasar por una situación nueva y te dices a ti mismo: “Yo he estado aquí antes. Quiero decir, todo esto me resulta familiar”. Resulta que, en realidad, podemos inducir formas de déjà vu en personas mediante experimentos.

Así, hay una teoría que dice que un déjà vu simplemente evoca fragmentos de recuerdos que hemos almacenado en nuestro cerebro, recuerdos que pueden ser evocados al movernos en un determinado entorno que se parece a algo que ya hemos experimentado. Así que no tenemos que invocar universos paralelos, no tenemos que invocar todos los universos posibles para explicar la mayoría de los déjà vu. Sin embargo, se plantea otra pregunta: ¿Es posible, a cualquier escala, moverse entre universos distintos? Y la respuesta, en realidad, no está muy clara.

Nosotros los físicos creemos, por ejemplo, que realmente hay múltiples universos que existen incluso en el interior de nuestra sala de estar. Somos ondas, ondas que vibran, y estas ondas vibran y luego se separan con el tiempo. Steve Weinberg, galardonado con el premio Nobel, hace la siguiente comparación: pensemos en la radio. Si estás en tu sala de estar escuchando la emisora de radio BBC, esa radio está sintonizada a una frecuencia. Pero en tu sala están todas las frecuencias de radio: Radio Cuba, Radio Moscú, las principales emisoras de rock de los 40. Todas estas frecuencias de radio están vibrando dentro de tu sala de estar, pero tu radio sólo tiene sintonizada una frecuencia. es decir, en otras palabras, cuando dos universos están en la misma fase, son coherentes y te puedes mover de uno a otro. Pero a medida que el tiempo comienza a evolucionar, estos dos universo se desacoplan. Empiezan a vibrar a frecuencias diferentes. Ya no pueden interferir el uno en el otro. Entonces, ¿por qué la radio no puede escuchar Radio Moscú? ¿Por qué no es posible que la radio escuche todas las frecuencias? Porque la radio no tiene esa coherencia. Ya no vibra al mismo tiempo que estas otras frecuencias.

Y lo mismo pasa en la física cuántica. Estamos compuestos de átomos. Nuestros átomos vibran, pero ya no vibran al mismo tiempo que estos otros universos. Nos hemos desvinculado de ellos, hemos perdido la coherencia con ellos. En otras palabras, un déjà vu es probablemente sólo un fragmento de nuestro cerebro evocando recuerdos y fragmentos de situaciones anteriores. Sin embargo, en la física cuántica, hay realmente, en cierto modo, universos paralelos que nos rodean. El problema es que no podemos entrar en ellos porque hemos perdido la coherencia con ellos. Ya no vibramos al mismo tiempo que ellos. Lo siento.

 

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martes, 13 de octubre de 2015

Después de la singularidad, ¿qué? 7 futuros hipotéticos entre la humanidad y la inteligencia artificial

¿LA CIVILIZACIÓN HUMANA TIENE FUTURO ANTE UNA ENTIDAD QUE FÁCILMENTE PODRÍA SOBREPASARNOS INTELECTUAL Y TECNOLÓGICAMENTE? ¿NUESTRA ESPECIE SERÁ VÍCTIMA DE SU PROPIA INVENCIÓN?




El ser humano es una especie sorprendente por la capacidad de ir más allá de sus propios recursos. Ese fue el recurso que aseguró la supervivencia del género y aun ahora nos mantiene en este planeta. El desarrollo intelectual de nuestra especie permitió que comprendiésemos los procesos del mundo para, poco a poco, utilizarlos a nuestro favor. En cierta forma eso es la tecnología: la manipulación del medio para asegurar nuestra supervivencia.

Esa, sin embargo, es una definición elemental. Con el tiempo nuestra tecnología llegó a un punto en el que parece encaminada a desprenderse del ser humano, a existir autónomamente e incluso continuar su existencia por medio de mejoras que puede implementar por sí misma. Grosso modo, esas son las cualidades de la inteligencia artificial, la cual podría alcanzar un grado de perfeccionamiento que en el dominio especializado se conoce como singularidad.

Recientemente, George Dvorsky elaboró en el sitio io9 una lista con escenarios hipotéticos, aunque inesperados, que podrían ocurrir una vez que la tecnología cobre conciencia de sí misma y tome decisiones al margen de los intereses de nuestra especie.

Después de todo, si la inteligencia artificial está hecha a nuestra imagen y semejanza, no sería extraño que hiciera lo que nosotros ya hacemos con otros seres vivos de este planeta.

¿Una humanidad interconectada por el placer?
Supongamos que un dispositivo de Superinteligencia Artificial que se mejora a sí mismo (SAI, por sus siglas en inglés) llega a la conclusión de que el propósito último de la existencia es el placer. De entrada no sería un razonamiento extraño, pues ya el ser humano en algún momento de su historia pensó algo parecido (el caso más célebre es el del filósofo griego Epicuro). Supongamos entonces que dicho dispositivo concluye no sólo que ese es el propósito de su existencia, sino también de la humanidad. En un escenario de tecnología extrema en el que pudiéramos recibir estimulación transcraneal, ¿podría una entidad robótica mantener conectada a toda la población en una fantasía de placer artificial continuo?

La huida
Otra conclusión factible: después de analizar posibilidades y escenarios hipotéticos, la entidad dotada con SAI concluye que la mejor alternativa es abandonar al ser humano y este planeta: “Hasta luego, y gracias por el pescado”.

La distopía del control único
Una entidad superinteligente, construida en el marco de los límites del razonamiento humano, podría llegar a la conclusión de que para cumplir con su razón de ser antes tiene que asegurar su supervivencia. ¿De qué manera? Eliminando cualquier situación o entidad que le represente una amenaza, lo cual implicaría vigilar, controlar y, en fin, convertirse en el punto focal de un régimen totalitario en donde todo sucedería bajo su mirada.

El hombre vs las máquinas y la regresión civilizatoria resultante
En varias fantasías de ciencia ficción la convivencia entre el hombre y la inteligencia artificial pronto deviene dependencia y, a partir de ahí, sometimiento: al ceder tantos aspectos de su vida y sus acciones cotidianas, la humanidad termina esclavizada por su propia invención. ¿Y no es este el antecedente de la rebeldía que, por otro lado, también ha caracterizado a nuestra especie? El resultado sin embargo sería que, si la humanidad resultara triunfante en esta lucha, tal vez tendría que comenzar a reconstruir su historia desde una etapa parcialmente primitiva.

Encuentros cercanos
Si la humanidad fuera capaz de desarrollar una entidad de Superinteligencia Artificial, es posible que ello implicaría también la consecución de la tecnología necesaria para entrar en contacto con civilizaciones extraterrestres. Quizá la singularidad es el punto indicado para demostrar el avance de nuestra especie, el logro necesario para que otras civilizaciones presten atención a lo que sucede en la Tierra.

Si es el caso, ¿esas civilizaciones permitirían que continuásemos con nuestro propio desarrollo?



¿Despertar del sueño?
La posibilidad de que vivamos en una simulación hecha por computadora podría tener en la singularidad su punto ciego. Tal vez esto que vivimos es la fantasía virtual de una civilización humana mucho más avanzada de lo que somos capaces de imaginar; quizá somos parte de un experimento que busca conocer el efecto de múltiples variables. Si este fuera el caso, tal vez conseguir la singularidad en IA equivaldría a alcanzar el límite de un sistema después del cual no habría nada.

El hack último
¿Una SAI podría descifrar los misterios del cosmos? ¿Podría encontrar la manera de detener la entropía? ¿Podría generar una especie de universo artificial alterno conectado con el que conocemos por medio de un agujero de gusano? Si su propósito es asegurar su supervivencia, ¿no llegaría hasta lo último para conseguirlo?

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domingo, 4 de octubre de 2015

En 2030 el cerebro humano será una combinación de neuronas y microchips


Un ejecutivo de Google, dice que en 2030 los cerebros humanos serán una combinación de neuronas y microchips.

“Nuestro pensamiento entonces será un híbrido de pensamiento biológico y no biológico”, afirma Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google. “En mi opinión, esa es la naturaleza del ser humano. Trascendemos nuestras limitaciones”. “La evolución crea estructuras y patrones que con el tiempo son más complicados, con más conocimientos, más inteligencia, más creatividad, más capaz de expresar los sentimientos más elevados, como ser amorosos. Así que nos estamos moviendo en la misma dirección con la que se ha descrito a Dios, que dispone de estas cualidades sin límites”.

Kurzweil dice que él ve a los humanos convirtiéndose en dioses.

“La evolución es un proceso espiritual y nos hace más divinos”, dijo Kurzweil.